Algunos escritos personales de distintas épocas. José Mario Vidal

28.5.11

Te adaptas

Mayo de 2011. Hola. Quiero contarles una anécdota que me traje de Lima. En sí misma es una pavada pero a mí me interesó porque en un flash la articulé con otra cosa que había escuchado hace bastante. Aquí va...
Primero lo que ya estaba en mí. Una vez leí que un psicoanalista bastante conocido solía distinguir entre QUEJA y RECLAMO. Queja es cuando alguien simplemente se queja de algo y no hace nada para modificarlo; son los quejosos, la subespecie bastante conocida de los que están siempre quejándose de todo. Reclamo es cuando el que se queja pone manos a la obra y hace algo para solucionar la causa de su malestar. No es lo mismo el jubilado que se queja sentado porque no le llega el aumento que el mismo jubilado pancarta en mano protestando en la manifestación. Siempre me pareció buena esa distinción; si se quiere es un indicador de menor o mayor salud mental.
Ahora la anécdota. Una mañana iba por el centro de Lima con mi amigo Juan en un taxi. A esa hora el tránsito era un caos, casas más casas menos igualito que en Bs. As. No había por donde pasar, se circulaba a paso de hombre, bocinazos, puteadas, etc. En eso le digo o comento al chofer... "Qué trabajo tan difícil el suyo... todos los días en este tremendo desbarajuste de tránsito, el calor, el ruido, los maltratos, todo el mundo apurado, los atolladeros... mi amigo usted debe terminar el día exhausto...". Al toque me dije "para qué le habré dicho eso !! ahora este tio va a engranar y va a empezar a decirme que todo está mal hecho, que la policía no hace nada, que hay que matar al gobernador, etc." o sea más o menos como si le hiciéramos semejante convite a un tachero de Bs. As. ... es como encender la mecha de un barril de pólvora.
Pues nada. Este hombre se tomó su tiempo de unos cuantos segundos y por toda respuesta me dijo... TE ADAPTAS, y no habló más. Yo sentí que me había dado una lección. Ante una realidad que él no podía modificar no se quejó ni reclamó, encontró un camino intermedio donde situarse hasta tanto pasara el embotellamiento. No se puso a desgañitar contra todo el mundo, no agredió, no tuvo un día de furia ni me tomó a mí como destinatario de su malestar, no obstante venirle yo como anillo al dedo (le había dado medio gol...).
Dijo TE ADAPTAS y no volvió a abrir la boca.
Yo lo miré a Juan de reojo y me di cuenta que ambos no cabíamos en nuestro asombro; era como si al taxi lo estuviera manejando el mismísimo Sócrates de Atenas.
Desde entonces ahora tengo tres: TE QUEJAS, RECLAMAS o TE ADAPTAS.
Vaya mi grato recuerdo para ese tachero limeño. M.

This page is powered by Blogger. Isn't yours?