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- Nombre: Mario Vidal
- Ubicación: La Plata, pcia. de Buenos Aires, Argentina
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Algunos escritos personales de distintas épocas. José Mario Vidal
25.8.04
La tijera de la abuela - 2-5-2002 -
LA TIJERA DE LA ABUELA
LP 2 de mayo de 2002
Muy querida Lucía:
LP 2 de mayo de 2002
Muy querida Lucía:
Hoy es tu cumple de 18 y lo primero que hago es felicitarte y desearte que los cumplas muy feliz.
Estoy recontento con tus 18 por varios motivos, entre otros el de verte grande y linda, ya entrando en la mayoría parcial de edad.
Quiero hablarte de los regalos, que son tres.
Dos me costaron poco dicho en plata, casi nada, quiero decir que no gasté dinero en ellos aunque tienen su sentido y lo pensé mucho al elegirlos. Hay uno en particular del cual te quiero hablar, uno por el que lleva esta carta ese curioso título que ha de llamarte la atención.
El primero es un caracolito para que uses al cuello, ya lo conocés porque te había regalado dos para el día de los enamorados para que lo compartas con tu novio. Es una Cyprea Caput Serpentis a la cual le mandé a hacer el agujerito; ya te conté que “Cyprea” es uno de los nombres de Venus, la diosa del amor y la belleza, deriva del griego “kyprios” que quiere decir “chipriota”, así le decían a Venus.
El segundo es un hau.
El anterior también lo es pero éste lo es mucho más todavía.
Es una tijera.
Una antigua tijera que yo tenía guardada para vos desde antes que nacieras y que perteneció a mi abuela Elvira.
El 23 de junio del 80 mi querida abuela nos dijo adios para siempre y se fue a vivir a una estrellita; pocos meses después mamá me dio unas pocas cosas que habían sido de ella. No creo que a los 90 años nadie conserve ya demasiadas cosas como no sean las pocas y sencillas de uso cotidiano. Un pañuelo de cuello, una manta de alpaca que yo le había traído del Perú en el 71, tres o cuatro libros de religión... y la tijera.
Por esa época con tu mamá sólo teníamos a Celina, Pablo y vos no habían nacido y yo apostaba fuerte, quería tener muchos hijos... cinco o siete, número impar. Sabía que la fábrica no estaba cerrada así que imaginé que cuando viniera otra nena se iba a llamar Elvira tal como Celi llevaba puesto el nombre de la abuela de tu mamá, Mercedes. Era lo mejor que podía hacer, lo que quería hacer, ponerle a una hija mia el nombre de mi abuela Elvira.
Recibir la tijera y guardarla para vos como un tesoro fue una sola cosa. Siempre estuvo negra de tantos años de uso y dio la casualidad que mamá la había mandado a pulir un par de meses antes de junio del 80, pero siempre la recuerdo de color acero negro.
La recuerdo miles de veces en las manos de Elvira cortando ropa para hacer remiendos de costura desde que yo era chiquito. Siempre estaba en el costurero de la gallega y siempre renacía después de una afiladita como renacen las hojas de las plantas después de la lluvia. Hasta nombre tenía, era “la tijera de la abuela”.
A veces nos quedábamos sin luz y ella continuaba con una vela cortando y cosiendo después de cenar. De viejita no veía bien y El Piche (yo) le enhebraba las agujas, ella emparejaba el hilo con la tijera y dale que dale a remendar las medias o los pantalones cortos del granuja de su nieto.
Elvira la usó casi a diario desde que tengo memoria, era cuando la ropa se remendaba y había que zurcir y agregar o fabricar prendas. Ahora ya no es lo mismo pero una tijera siempre viene bien... se pueden cortar las hojas de los apuntes de la facultad, la mala onda, el mal de ojo, las cadenas que a veces no dejan volar y la cola del diablo.
Ahora es tuya Lucía Elvira, para que la sigas usando durante muchos años, hasta que llegue el tiempo en que le tengas que pedir a un nieto que te enhebre las agujas o te recorte un artículo del diario.
Tercero y por último van unos pesitos, que nunca vienen mal en cualquier época y de paso alegran la vida. JA!
Bueno piba, a remontar las 18 primaveras que al fin llegaron como todo llega. Estoy orgulloso de vos, te quiero mucho y que tengas un muy lindo cumpleaños. Papá
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Este es un fragmento de un trabajo de un amigo mio psicoanalista.
Transcribo la parte del HAU o sea los dones, los regalos.
“Intentaré ilustrarlo recurriendo al texto de una analista, Silvia Amigo. La analista en su último libro, “Clínica de los fracasos del fantasma”, plantea una cuestión interesante en torno a la temática de los dones. Cita en uno de los capítulos del texto al libro de Marcel Mauss “Antropología y Sociología”. Mauss cuestiona que se considere en el pensamiento moderno como primitivos y mágicos ciertos rituales de diversas culturas tribales antiguas; en la cultura actual, de corte netamente capitalista, es considerado absurdo y atrasado “el pensar que las cosas que se daban portaban también el hau del donador. El hau es el alma, el espíritu de quien da, y a tal punto ello está comprometido en el regalo que, dándose una cosa, se da también el hau del donante”. Silvia Amigo plantea: “¿quién no se ha vuelto loco tratando de elegir un regalo para su pareja? ¿Por qué? Porque uno no puede salir del paso con la primera cosa que ve en una vidriera. Uno, lo sepa o no, desea regalarle a quien ama un objeto que transmita su hau. Y la pareja recibirá con alegría únicamente un regalo capaz de efectuar esa transmisión de hau”. Se trata de un acto de don, un regalo sólo produce esa mezcla extraña de sensaciones cuando porta el hau; “solo entonces el regalo, que hace que nuestro ser quede tocado por el hau del otro, produce una modificación en lo profundo de nuestro vínculo con el donante”. Para el pensamiento capitalista esto es un absurdo, cuanto más caro sea el regalo, mejor. Pero el tema es justamente al revés. Un regalo, sea costoso materialmente o no, si no porta el alma de quien lo realiza, no conmoverá en lo más mínimo. Para el pensamiento moderno, planteos como los de Mauss, constituyen nimiedades y vagos sentimentalismos arcaicos.”
