Algunos escritos personales de distintas épocas. José Mario Vidal

8.9.04

Carta a Mario Grasso - 25-6-1997




ESTIMADO SR. MARIO GRASSO:
Le escribo estas líneas hoy 25 de junio de 1997. Son para agradecerle algo que Ud. posibilitó hace poco mas de 13 años. Y son para pedirle me diga cómo puedo hacer para conseguir una película.

Ud. no me conoce. Yo sí lo conozco, por los medios y de vista. Hace poco tiempo tuve que hacer una mudanza y pasó lo que siempre pasa: empezaron a aparecer cosas que uno tenía olvidadas. Fue así que me encontré con unos viejos manuscritos en ocasión del nacimiento de mi hija menor. Los metí en la computadora y se los envío. Quisiera los lea. Son unas pocas paginas. Son para Ud.

Quiero volver a ver esa película. No sé cómo se llama. Tal vez me pueda indicar las señas o recuerde dónde la consiguió. Ya se va a dar cuenta el porqué de mi interés.

Además, esa chiquita que ahí menciono -Celi- y que tanto se reía en aquella función, es mi hija mayor. Hoy tiene 19 años y estudia cine. Algo debe haber tenido que ver Ud. en su elección de carrera. Como ve, hay marcas que se transmiten y que se nos van de las manos.

Bueno, dejo aquí.
Gracias por aquella función.
Reciba mis saludos.



Esta mañana fuimos al cine. Pablo, Celi y el que escribe. Es el que presenta Mario Grasso en A.M.I.A. -Dura 1 hora y media y dan 5 o 6 películas para chicos. Bueno, lo de que sean para chicos es una manera de decir, porque dan desde documentales hasta películas clásicas de Chaplín.

Era la primera vez que Pablo iba al cine. Hoy 6 de mayo de 1984. Me preguntaba si era la “tivisión” y algo traté de explicarle de que era diferente aunque parecido. La función duró 1 hora y media, como decía antes. La primera 1/2 hora se maravilló del espectáculo y no dejaba de mirar y de preguntarme cosas. Pablo tiene 2 años recién cumplidos. La segunda 1/2 hora empezó a aburrirse. Hay una manera de saberlo y es que no solo se empieza a mover sino también a preguntar con el clásico “qué checho papá, qué checho ?”.

En la tercera media hora se produjo el milagro, el de siempre, el de Pablo y el de todos los chicos del mundo: dieron una de Chaplín. Se llamaba “La Calle de La Paz” y creo que nos divertimos todos en grande, esto sin desmerecer todo lo que habían dado antes que también era espléndido.

Dieron una bárbara que yo personalmente nunca había visto y que Celi y Pablo tuvieron el honor de admirar: la primera película que se pasó en el mundo en este maravilloso/

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/juego que es el cine. Era un corto de menos de 1 minuto de duración titulado “La Salida de La Fábrica” de los hermanos Lumiére, inventores del cine. Simplemente pusieron la cámara en la calle y filmaron cuando los trabajadores salen de la fábrica propiedad de los Hnos. Lumiére al mediodía. Se ve un tropel de gente, allá por diciembre de 1895 saliendo en cámara rápida. Mario Grasso contaba que esa película se dio en el sótano de un café como divertimento en la fecha que recién decía. Cobraban 1 franco la entrada y asistieron 33 personas. A la segunda función ya había cola para ver el espectáculo.

Nuestro cine estaba lleno de gente, en un 90 % pibes de entre 2 y 12 años. El cine es realmente una maravilla. Yo no puedo evitar sorprenderme cada vez que empieza un película. Me parece un invento genial. A los chicos los atrapa y creo que un chico puede olvidarse de cualquier cosa pero difícilmente olvide lo que vio en el cine. Mientras íbamos esta mañana Celi me contaba algunas partes de las películas que ha visto y eso que las vio hace ya bastante tiempo.

Bueno, siguiendo con la historia, nos enteramos que un Señor llamado John (Meilleur). Creo que era algo así el apellido pronunciado en francés. Tenía por esa época un circo (nada menos que un circo !!!). La cuestión es que le ofreció a los Hnos. Lumiére comprarles el aparato para integrarlo al circo. Cabe agregar que el núcleo de las funciones del circo consistían en números de magia ya que este Señor Meilleur era básicamente y por esa época un mago. La cuestión es que los Lumiére aceptaron venderle el aparato pero le aclararon que “la cosa no iba a andar”. El hecho es que Meilléur compró el aparatejo y se hizo productor: en 10 años produjo 4.000 películas. Todas al estilo de esa época: duraban como mucho 20 minutos, eran sin color, en cámara rápida y sin sonido.

Este buen hombre parece que tenía su vida signada por una cierta pasión por el mundo imaginario. Un buen día no se supo mas nada de él. Otros ganaron mucho dinero con las películas que él producía pero parece que él no consiguió o no le interesó hacer de la cuestión un negocio. Yo supongo que debe tratarse mas de lo segundo ya que en esa época (principios de siglo) ya estaba totalmente extendida la ideología de interés económico capitalista.

Años mas tarde dicen (dijo Mario Grasso) que alguien lo encontró atendiendo una pequeña juguetería para niños en el subterráneo de Londres.

Curiosa historia la de este hombre que comenzó por la magia y el circo, siguió por el cine y terminó por los juguetes para niños. Hay un hilo evidentemente en todas esas actividades, un hilo que las subyace y que yo no sé bien lo que es pero sí que atrapa siempre y cuando uno se deje agarrar por eso. Ese hombre pudo ser un próspero hombre de negocios pero prefirió ser otra cosa. Hoy se lo recuerda.

6/5 23 hs.
Interrupción. Vinieron a visitarnos y a visitar a Lucía: Bety y Jorge (Fernandez De La Torre). Le trajeron un hermoso móvil que ya puse arriba de su cuna con una caña de pescar/

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/que es de Celi. Irma Carnevale con Cecilia y Juan Pablo y por último la tía Susana, Roberto y Gabriel. Tuve que dejar de escribir y intento retomar ahora porque después en la semana es casi que imposible.

Hubo otra película que me dejó pensando bastante y era de un muchachito que vivía en una cabaña en los bosques del Canadá. Yo le decía a Pablo que ese era Pablito porque era rubio como él y parecido además. A Pablo eso le gustaba así que se prendió en la película y cada vez que aparecía el pibe decía.. “Pablito”.

Bueno, duró mas o menos 20 minutos. Era la historia de este pibe que un día quiso hacer una canoa que llegara al mar. Tomó una rama de cedro y con un cuchillo la talló hasta hacer de ella una pequeña canoa de unos 30 cmts. de largo, con un indio dentro como remero. Luego la pintó y después de un trabajo de varias semanas quedó la tarea hecha.

Yo me iba impactando al ver o imaginar para mi el sentido de la labranza. Era en colores y se empezó a ver esa cabaña con la chimenea humeante y con la nieve alrededor bordeada por un bosque de pinos. La maravilla del cine, toda la magia al pie de uno.

La cosa es que este chico estaba lejos del mar, entonces como él no podía llegar hasta el mar ideó este sistema para hacerlo: llegar él pero por intermedio de esta canoa con el indio que lo harían en lugar de él.

Una vez terminada la dejó en la nieve, en una ladera descendiente que desembocaba en un pequeño río.

Previamente y mientras la hacía le había puesto a manera de quilla una fundidura de plomo en una ranura a largo de la base para que la canoa se mantuviera siempre paradita. Abajo, en la base le talló en madera lo siguiente: “por favor, déjenme en el agua”.

Creo que esto es algo hermoso y sorprendente a la vez. Tiene el valor de alguien que prevee que un otro puede tanto interferir en el programa como tener acceso a el y conocerlo.

Llega la primavera y el hielo se empieza a derretir. La canoa se desliza en la nieve y cae al riacho de deshielo. El agua la empieza a llevar.

Acá ya hay algo que suena a un desprendimiento. Es genial lo que transmite aunque el autor no sea conciente de ello. Es una canoa que lleva una letra, un escrito, que se desprende de la mano que lo talló y empieza a caminar rumbo a un otro que no se sabe quién será pero que resulta como imprescindible.

Este cuaderno parece algo así. Es como tallar una madera. Me pregunté para quién escribo esto y realmente quisiera que mas allá de mi alguien lo lea y sepa que aquí hay un mensaje transmitido para adelante. Básicamente es una letra de fe, de buena voluntad y de una enorme alegría para Celi, Pablo, Lucía y todos los que después de ellos vengan.

No sé quién va a leer esto luego de Loli y yo pero está la esperanza de que sea leído. Es una esperanza vincu/

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/lada especialmente a la ecología y a un buen nivel de vida, o sea a una calidad humana que sea un poquito mejor a la nuestra.

El riacho de deshielo se lleva la canoa con su letra y empieza su deriva. Va a parar a otro río mas ancho y pasa por muchos avatares. Cae en altas cascadas, sortea remolinos, parece atascarse en una orilla, vuelve a navegar.

Una rana se sube a la canoa y mira al indio, un castor casi la atrapa para hacer su dique, una víbora de agua piensa en un buen bocado.

En otro lago al lado de una gran ciudad el petróleo del deshecho de los barcos y los residuos la manchan y ensucian toda. La pintura se le va yendo y por momentos parece fracasar todo.

De pronto se ve un gran lago del Canadá y un padre pescando con su hijo que lo acompaña. El chico también se parece a Pablo. Pablito se ríe y dice... “Pablito”. Yo me río y lo veo en la oscuridad. Está entusiasmado con tanta agua y el castor y la rana y una ardilla que anduvo también por ahí. Pablito es divino. Tiene 2 años recién cumplidos y es la primera vez que está en un cine. En la otra butaca Celina mira y escucha. Toda ella mira y escucha. Pienso en qué pensará. Pienso en Lucía que no vino pero ya vendrá. Hoy tiene 3 días de vida. Preciosa !!!

El pequeño que pesca engancha la canoa en el anzuelo. Se quiere quedar con la canoa. El padre lee lo que dice abajo y dice que hay que dejarla seguir. El chico llora pero obedece y la canoa vuelve al agua. Se queda llorando.

Hay algo que se cumplió mas allá de las lágrimas, mas allá del sufrimiento. A mi me resulta impactante la escena. Aquí ya hay una palabra que retorna. Aquí aparece por vez primera una palabra que simbólicamente vuelve sobre quien la emitió y confirma el deseo, ese deseo de que se la deje en el agua. El padre se alza por encima del transitorio sufrimiento del hijo y elige obedecer a lo que está escrito. Creo que aquí empieza la película.

2* momento: la canoa encalla en un costado de otro lago. Un nene (otro nene !!!) de unos 3 años la agarra. No sabe leer. Se la quiere llevar y de hecho lo hará pero antes quiere jugar un poco. Lo que pierde es en realidad lo que lo salva. La pone en el agua y jugando jugando de repente el agua se la lleva.

El nene está con un perro y lo empuja al perro para que se la vaya a buscar antes que se pierda irremediablemente. El perro no quiere ir para no mojarse. Celi se muere de risa y Pablo también diciendo “babau” pero comprendiendo muy bien la situación. Todo el cine ríe. Yo me río pero estoy totalmente sorprendido. Pienso en la risa y en el valor del juego como/

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/primera metáfora. El chico no sabía leer pero sabía jugar. Entonces jugó y al hacerlo así respetó sin darse cuenta lo que estaba escrito: “por favor, dejenmé en el agua”.

El juego. Magnifico. Aparece ejerciendo en el niño el mismo efecto que la palabra (escrita) en el adulto.

Pienso en mis abuelos y en los abuelos de Loli cruzando el mar, de España a Argentina. Todos vinieron de allá, de Europa. A lo mejor se entiende así porque el derivar de la canoa me resultó tan impactante. Creo que allí también hubo una letra, que ahora estamos tratando de descifrar y entender.

La película seguía. Unos marineros trataron de agarrarla para salvarla de las paletas del buque. Ya para entonces casi estaba en el mar.

Al final llega pero al pasar cerca de un faro el hombre que lo maneja se mete en el agua y la agarra.

La toma para su colección de cosas que encuentra en el mar pero como está despintada y fea la vuelve a pintar. En eso anda cuando vuelve a leer lo que dice abajo y que ya había leído cuando la encontró. Dice el texto de la película...

“PERO AL LEER EL MENSAJE PENSO: EN REALIDAD NO ME PERTENECE. QUIEN SABE DESDE DONDE LLEGARAS NI ADONDE IRAS”

Y la arrojó de vuelta al mar.

Pablito y Celi se reían mucho y aplaudían. La película había terminado.
Yo me quedé pensando en el valor de la letra. Hubiera querido retener su grafismo en inglés pero no me lo acuerdo. Solo me quedó viva la imagen del indio y el chico tallando su canoa. Pablito y Celi se reían. La Plata. 6 de mayo de 1984. Lucía Elvira nació el 2 de mayo.
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