Algunos escritos personales de distintas épocas. José Mario Vidal

30.9.04

El afilador - 25-3-00

LP 25/3/00
EL AFILADOR (relato).
Para Pablo Vidal, que eligió la carrera de periodismo.

Hoy me agarró la melancolía. Me dije: la sigo o la escribo? Mejor la escribo así se me pasa.

Hoy estaba en casa y a eso de las 10 de la mañana escuché una música que llegaba desde la calle. Algo me resonaba al oído pero al principio no me daba cuenta de nada. Era una música conocida, un firuleteo en tonos de agudos crecientes primero y luego decrecientes; algo que me hacía tin-tin en el alma y me trasladaba a un Wilde querido en épocas de mi infancia. Salí afuera y lo vi: era el afilador de tijeras y cuchillos.

Un viejito en bicicleta que tocaba la flauta plana y esperaba a alguna doña que saliera a requerir su servicio. Un vago recuerdo y una lejanía me llenaron la cabeza de hermosos recuerdos, un poco melancólicos y otro poco legales.

El viejito de la bicicleta parecía salido de un álbum de fotos de familia. Ni bien lo vi me trasladé a otra época, la de mi barrio de Wilde en la década del 50, con aquel afilador gallego que gritaba "dale a'roda!".

Muchas veces he hablado con mis hijos de los cambios y de los tiempos. Les he tratado de explicar cómo era el paisaje de la niñez de su padre; sé que me escucharon pero no si me entendieron. Es que aquello era muy distinto Pablo. No te imaginás cuántas cosas no precisábamos en esa época; nos arreglábamos con poco y nos divertíamos gratis.

Mi barrio era una institución y los vecinos se conocían todos; cuando venía el carnaval salían todos a la vereda a echar baldazos sin contemplaciones. El barrio era un fuerte apache, un refugio, una delicia empedrada. Había muchos oficios que hoy se han perdido. Te cuento.

Había el almacenero, el verdulero y el carnicero; no había hipermercados. El cobrador de la luz y el del gas golpeaban a la puerta (casi no había bancos). Pasaba a diario el carrito colorado de La Panificadora vendiendo pan negro; tanto ese carrito como el del papero (el manco!) eran a caballo; también el del sifonero. La calle Monte siempre olía a bosta de caballo.

Mi abuela me mandaba a comprar la leche (suelta, por supuesto) al vasco de la calle Lincoln y allá me iba yo con el bols de un litro, de vidrio y sin tapa, haciendo malabarismos para que no se me caiga.

Todo se compraba suelto. El vino en la bodega del tano, el aceite en el aceitero, y el forraje para las gallinas en la forrajería.

Había en Wilde sólo dos ferreterías, la de Repetto y la de Cantoni, y allá me mandaban a comprar lavandina y jabón en panes. No existían las fábricas de pastas ni los mercados. Menos que menos las casas de audio ni las disquerías. Tampoco la televisión ni las PC (no existían todavía!). Un sólo kiosko, el de Closas, en Las Flores y Mitre.

Parece que te estuviera hablando de hace 500 años pero no, mistake. Te hablo de hace pocos 40 años, en Wilde, en los suburbios de Buenos Aires.

Mis deportes preferidos eran andar en bicicleta y jugar con mi perro; mi condenas diarias hacer los mandados e ir a la escuela. Iba a la escuela en el tranvía 22 que unía Wilde con Bernal.

En ese tiempo no existía el plástico (no me importa si no me lo crees) ni muchas otras cosas sin las cuales hoy la vida sería impensable; y sin embargo vivíamos bien y nos divertíamos mucho.

Había pocos médicos y eran célebres. Para los chicos el Yuto (Dr. Jutorán) y para los grandes Cantoni y uno o dos más. No había especialistas en nada, sólo los clínicos.

Yo jugaba con las cosas que tenía mi viejo en el garaje y me encantaban las herramientas. Así y a fuerza de probar me hice diestro en el manejo del martillo, la pinza y la tenaza; también el serrucho y la llave inglesa. Electricidad, cultivo de la tierra, canillas de agua, pintura, construcción, cuchas de perro, etc. -metía la mano y arreglaba algo; además aprendía y por sobre todo lo pasaba bien.

(me fui de largo con la melancolía y vuelvo al inicio)

El afilador era todo un personaje. Pasaba los lunes tocando la flauta y mi vieja siempre le llevaba algo, en general los cuchillos de diario y una vez al mes las tijeras. Yo salía a la vereda a verlo trabajar. Era un gallego petiso, de boina y mirada firme. Tenía una bicicleta muy extraña preparada para el oficio con unas poleas que conectaban los pedales a una rueda de amolar.

Llevo grabado en la oreja el sonido de la hoja del cuchillo raspando contra la rueda de piedra. Saltaban chispas que era una delicia! Pero lo más atrapante para mi era la flauta, ese sonido tan particular como sólo los afiladores gallegos lo hacen. Pppprrrriiiiippppprrrruuuupppppiiiipppp...

Esa fue la música que escuché hoy y por esa música (de melancolía, sin duda) me puse a escribir estas letras Pablo.

El afilador de cuchillos y tijeras es el último de los oficios que quedan, de los de antes digo. Hoy son otros y mañana serán otros. Tu padre realiza un oficio que en aquellos años míos era impensable: psicólogo. En la década del 50 no había neuróticos, sólo había normales y locos. Los problemas se arreglaban (o no) con un amigo o con el cura párroco. Para casos más severos ya existía el psiquiatra pero eso te condenaba para siempre.

Mirá cómo son las cosas, hace poco estuve leyendo un libro sobre la edad media en Europa y me entretuve listando los oficios ahí mencionados, casi todos referidos al gremio de la construcción.

Son los siguientes: Mercader de géneros, picapedrero o cantero, carretero, carpintero mueblista, albañil, tabernero, techista, guarnicionero, gonfaloniero (porta estandarte), tejador, excavador, canastero, yesero, mortelero, alfarero. Vidriero, tapicero, aparejador, empedrador, piquetero, ayudante de mortero, preboste, curtidor (cuero), portahachas, escultor, yesero. Carpintero de obra, herrero, plomero, pintor, cantero de piedra dura (hard hewer), albañil de piedra libre (freestone mason), albañil tosco (rough mason), maestro albañil de piedra franca (maitre macon de franche peer), escultor de piedras libres (sculptor lapidum liberorum), maestro tallista de piedras libres (magister lathomus liberarum petrarum). El equipo del herrero estaba compuesto por un herrero, un ayudante, un portahachas y un obrero de fragua.

Esa es la lista que te decía, en la edad media (no me vayas a decir ahora que yo soy de la edad media eh).

Nunca olvides Pablo que si bien tu padre es universitario, tu abuelo sólo alcanzó el 3º de la secundaria y tu bisabuelo era un iletrado "carrero". Sí, tenía un carro a caballo y llevaba la basura de "Alcohol Soler" a la quema de Buenos Aires. En Galicia era pescador de oficio pero como en Buenos Aires no hay mar, algo tuvo que hacer para ganarse los garbanzos y bueno... fue carrero. Está bien.

Bueno pibe, escribiendo se me pasó la melancolía. Que te vaya bien en el oficio de periodista. Papá

He buscado WILDE en la enciclopedia Encarta y lo encontré. Dice así:

"Localidad ubicada en el Partido de Avellaneda, Gran Buenos Aires. Cuna de los mejores muchachos del suburbio porteño y capital del arbitraje femenino en futbol. Considerada por muchos años la ciudad del punk, se luce con sus viñas donde se fabrica el mejor vino patero de la región. Por sus calles circularon todos los oficios de la época. Entre sus innumerables e ilustres nativos figura Dn. Jose Mario Vidal, nacido el 20 de setiembre de 1947".

Jose Mario Vidal -afilador-
Pppprrrriiiiippppp rrrruuuupppppiiiipppp...
¡Dale a'roda!
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